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1979 - José Sbarra - Aleana

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  • 7/27/2019 1979 - Jos Sbarra - Aleana

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    Aleana

  • 7/27/2019 1979 - Jos Sbarra - Aleana

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    A Marcel Zeballosy Adn Danilo Casn

  • 7/27/2019 1979 - Jos Sbarra - Aleana

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    ndice

    Prlogo XINota preliminar 1Aleana, la madre del mundo 7

    Pequeos discursos 21Te reivindican 31 para humillarte mejor 41Los tres marginados 53Andrs y Cecilia. Doa Etelvina 75La soledad, Doa Paloma, la soledad 97Una mujer normal 105

  • 7/27/2019 1979 - Jos Sbarra - Aleana

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    Prlogo

    Novela de estructura clsica y novedosa a la vez: simple y meridiana en la exposicin de larealidad; complejsima en el desenvolvimiento interior de un personaje cotidiano y paradjicoal mismo tiempo. Personaje dominante, devorador porque resume en s todo el peso

    consciente de las marginaciones milenarias y universales. Marginacin que se proyecta en unplano mucho ms despiadado por el plano de las marginaciones raciales o polticas.Lenguaje radioactivo, a veces coloquial, a veces brutal, y siempre intensamente

    conmocionante y potico por el clima que crea y porque la palabra es el instrumento con queimprevistamente restalla la luz, la verdad secreta, la belleza.

    Una novela de factura originalsima, de desgarrante acusatorio. Un buceo en el abismo dela desolacin tan racional como absurda.

    Un personaje marginado que asume la condicin trgica de todos los marginados, elegosmo y la mediocridad humana. Es la ineludible condena de aquel que asume la verdad, elamor, la libertad como actos naturales del vivir y choca contra el paredn de las convenciones.

    Nacer pobre, libre, inteligente y mujer, y pretender franquear el sitio, es tenderse la propia

    trampa, excavarse la tumba, provocar el aislamiento que llevar al delirio, pero jams alremanso de la locura total.

    Mujer marginada que clama en el desierto del mundo actual y su cabeza est sentenciada,concentracin de humanidad en esta mujer paridora de una nueva manera de entender elmundo y condenada a todas las desolaciones, a todas las traiciones.

    Ms que una novela es un testimonio de amor, estremecido y estremecedor, un documentoque reivindica el innato sentimiento lrico de la mujer y de la especie. Lo inslito es que unautor novel, un joven casi desconocido, logre atraparnos en un drama tan apasionante, querespira poesa y que devuelve a la novelstica la jerarqua metafsica.

    Obra que posee el ritmo narrativo de acontecimientos galopantes y su doble fondo ocultatodos los sedimentos para un ensayo filosfico.

    Singular estudio psicolgico que determina las verdaderas causas de toda marginacinindividual y devuelve a la mujer la dimensin mgica de la poesa an dentro del pozo ciegodel horror.

    Aleana ser una habitante ms de Buenos Aires: tal vez la vimos ayer en el subterrneoechando al aire sus discursos, Jos Sbarra slo grab a fuego su imagen insobornable- dentrode una novelstica aparentemente simple. El talento creador no necesita ingredientesdemaggicos, elaborados o picantes. Le basta el misterioso ojo avizor, el que cala hondo en elcorazn humano con el grave privilegio de mostrarnos esa luz original que la vida se empeaen ahogar. Admirable poder.

    Syria Poletti

  • 7/27/2019 1979 - Jos Sbarra - Aleana

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    NOTA PRELIMINARCuando llegaron a mis manos eran escritos incoherentes, embarullados, pero contenan una

    inslita, despiadada sinceridad. Mi tarea fue la peligrosa tarea de un traductor: hacerlosinteligibles sin traicionar su naturaleza. Espero haberlo conseguido. Obviamente, los nombres

    fueron cambiados.

    Doctor Garca Ferrantes

  • 7/27/2019 1979 - Jos Sbarra - Aleana

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    Clavaba la vista en el horizonte de cruces negras y blancas, llenaba un mate, me lo tenda

    sin mirarme. Esta historia es nueva, deca.Y era siempre la historia de un sapo al que un escorpin le rog que lo ayudara a cruzar el

    ro llevndolo sobre su lomo.

    El sapo se neg objetando que si le permita subirse, ste podra clavarle su aguijn ymatarlo. El escorpin le explic que era grande su necesidad de cruzar el ro y que nointentara atacarlo, puesto que si lo mataba, tambin l morira irremediablemente a causa deno saber nadar. El sapo accedi por fin a llevarlo hasta la otra orilla. Pero justo en la mitad delro, el escorpin levant su cola y clav el aguijn envenenado sobre el lomo del crduloanimal. El sapo moribundo le pregunt por qu lo haba hecho. El escorpin respondi: No lo

    pude evitar, y tambin muri.

  • 7/27/2019 1979 - Jos Sbarra - Aleana

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    Viajaba casi recostada sobre el ltimo asiento del colectivo. Llevaba puesta una pollera que

    yo misma haba diseado con una pollera que yo misma haba diseado con unas cortinas delcasern, de modo que estaba elegante, aunque las bolsas con la comida para mis gatos me

    desaliaban un poco. Adems me haba atado a la cabeza el sombrero de seora fina queencontrara en el parque de las barrancas esa misma semana.El joven se acerc hacia m en cuanto termin de comentarles a los pasajeros, que eran

    bastante indiferentes, mi opinin sobre los ltimos crmenes polticos.Mis antenas de aislada haban captado algo de la conversacin que el joven mantena con

    otro pasajero mientras yo discurseaba.El pasajero ms viejo le haba avisado:- No se d vuelta, no la mire, porque si lo hace no se callar ms y hasta puede armar un

    escndalo.- Usted cree?- S, joven, yo conozco a esta clase de locas respondi el viejo, orgulloso de su

    sabidura de chiquero.- Y cmo sabe que est loca? pregunt el muchacho.Pero el viejo cerdo se apoy en lo evidente, en lo ms superficial: la realidad. Y exclam:- Vamos!, no me haga rer, no ve que est hablando sola?Entonces el joven respondi pausadamente:- EL hecho de que hable sola, demuestra nicamente que est sola, y no que est loca.Despus, sin hacer caso de las advertencias del otro pasajero, gir la cabeza y me sonri.

    Fue justo cuando yo finalizaba mi discurso acerca de los crmenes polticos.El Joven se acerc a la parte trasera del colectivo, donde me hallaba medio recostada sobre

    el asiento, con las bolsas de la comida para mis gatos. Cre que iba a hablarme, pero toc eltimbre para descender. Eso s, antes de bajar, me mir y volvi a sonrerme. De improviso ledije:

    -Y qu va a hacer?, si una no habla es como si no existiera.El muchacho, si bien no dej de sonrer, se encogi de hombros sin entenderme. Luego

    descendi del colectivo.Intent recordar de dnde lo conoca, de cundo. Pero fue en vano. De una sola cosa no me

    caban dudas: ese joven era hijo mo.

  • 7/27/2019 1979 - Jos Sbarra - Aleana

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    Aleana, la madre del mundo

  • 7/27/2019 1979 - Jos Sbarra - Aleana

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    Yo nac sola.He sido hija y madre al mismo tiempo. Me par yo misma. Y tena un hermano-hijo cuando

    a los doce aos tomaba el tren que me llevaba a la Capital y rescataba a Felipe de las garras delas tas ricas y lo traa nuevamente al rancho.

    Y alimentaba a mis padres-hijo cuando iba con la olla grande hasta el cuartel cercano apedirles comida a los militares.Y era madre de mi padre, cuando l rompa lo que tena a mano, peleando con mam hasta

    que llegaba yo. Mi aparicin lo petrificaba y lo demola. Me respetaba cuando le clavaba misojos aeros en sus ojos de hombre fracasado, porque yo era su madre y l, de alguna oscuramanera, entenda el misterio. Lo aceptaba como a su destino, como al alcohol.

    Y era madre de mi madre cuando la consolaba en las tardes tristes que la pobreza nosprodigaba con irnica generosidad.

    Y era mujer cuando escupa la cara de los soldados seductores y repugnantes que exiganun pago especial a cambio de la olla de comida.

    He sido la madre de toda esa familia entraable cuando me trepaba por el techo

    acumulando latero y maderas para evitar que se filtrara tanta agua y cuando arreglaba la mesay las sillas despus que pasaba la furia de mi padre-hijo.

    Y he sido la madre del pueblo el da que no pude defenderme y el grupo de los bravos delbarrio Podest me atrap una tarde siniestra e imborrable. La tarde en que conoc el sexo y elamor apretados al odio, rodeados por el odio. El amor embarrado de odio, de asombro y deespanto. Y he sido la madre del pueblo cuando al caer la noche, a escondidas, arrancaba pasto

    para limpiarme la sangre que se me pegoteaba por las piernas. Y he sido la madre de todosesos muchachos ansiosos que se agitaron sobre m esa tarde feroz detrs del cementerio.

    Y he sido la madre del universo al nacer entre la miseria y la muerte.Y no tena ningn secreto la vida para una nia que se agachaba a cagar sobre los muertos,

    sobre los esqueletos del abuelo y de la abuela.Y he sido tambin la madre de los muertos.Por eso, despus de tanto parir no me caban dudas de que me haba parido tambin a m

    misma.

    Ahora la vida me queda chica. La vida es poca cosa, hoy, ya tan lejos en tiempo y distanciade aquella niez que no me parece ma, que no me pertenece, que en realidad no es ma. Esono fue niez, fue un vientre oscuro, ms oscuro que el de una madre. Un vientre cargado deterror y de sangre, en donde la sabidura del mundo me llegaba por el cordn y me penetrabaimplacablemente.

    No he tenido tiempo para ser nia. Me gest como un monstruo y nac vieja, de vuelta yade las cosas de la vida. Por eso puedo sobrevivir a cualquier catstrofe, estoy hecha para vivirmilenios.

    Estoy segura de que si quisiera podra vivir eternamente; pero no lo deseo, solamente unamujer imbcil podra anhelar la prolongacin de su existencia. Lo que una desea es modificarla inauguracin, el debut, la obertura de la vida. Otra infancia, una juventud ms digna, msfeliz. O si no, una amnesia tan cierta que borrara tambin las cicatrices, las marcas a fuego.

    No, yo no quiero vivir ms. Pero tampoco deseo morir, porque s, verdaderamente s, que no