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La edad del Espíritu - Juan Dorado

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Capítulo 5 de la Tesis Doctoral "Fantasías de omnipotencia en la ciencia y la política", Juan Dorado (2015)

Text of La edad del Espíritu - Juan Dorado

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    CAPTULO 5

    LA EDAD DEL ESPRITU

    La consideracin filosfica no tiene otro designio que

    eliminar lo contingente.

    Hegel

    El intrprete del Apocalipsis

    Si hay algn escrito que centre la mayor parte del trabajo interpretativo de Gioacchino

    da Fiore, se es el Apocalipsis de Juan. A la explicacin de sus figuras, smbolos,

    nmeros y espectaculares visiones del fin de los tiempos, dedic el abad de Fiore gran

    parte de las dos ltimas dcadas de su vida, los aos ms fructferos de su produccin

    escrita1. Detrs de este gran esfuerzo estaba el convencimiento ntimo de que su poca

    estaba cerca de ese final, o al menos, que en ella se inaugurara la ltima etapa, y la ms

    perfecta, de la cristiandad sobre esta tierra.

    Sin embargo, y ste es un punto a tener en cuenta, Gioacchino no se senta un

    profeta. l no tiene visiones, al modo de Hildegard von Bingen, que le muestran las

    verdades ltimas de la fe y del destino del hombre y de la Iglesia, ni escribe como ella al

    estilo de una mdium que ejerce como portavoz del Omnipotente2. Su labor parece ms

    modesta. A aquellos que lo llamaban profeta, l no tena reparos en desmentirlos: non

    voglio sembrare quel che non sono, inventando qualcosa che scaturisca da una mia

    1 Gian Luca POTEST, El tiempo del Apocalipsis: vida de Joaqun de Fiore, trad. de David Guixeras,

    Trotta, Madrid, 2010 pp. 305-306. 2 Sobre la diferencia entre las atribuciones de Hildegard como profetisa y de Gioacchino como telogo e

    intrprete de las escrituras, ver Ibid., p. 72.

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    presunzione...fin dalla mia giovent sono un agricoltore3. Sabemos que aqu rebaja

    exageradamente su condicin, porque cuando escribe estas lneas ya es fundador de una

    orden y de una abada, adems de ser conocido por sus andanzas y escritos tanto en la

    corte imperial como en la sede pontificia. Sin embargo, s parece cierto que no le gusta

    presumir de infalibilidad en sus interpretaciones, por eso mantiene que sus trabajos

    pueden contener errores que deberan ser subsanados por sus superiores4. Este es el

    motivo por el que, al final de su vida, confa sus obras a la supervisin de la Santa Sede,

    encargada de velar por la pureza de la doctrina cristiana5, como ya hemos expuesto al

    tratar de la biografa del abad.

    Para analizar los que consideramos que son los puntos ms relevantes de la

    interpretacin que hace Gioacchino del ltimo libro de la Biblia cristiana, tomaremos

    como base su Enchiridion super Apocalypsim6, a lo que aadiremos, cuando sea

    necesario, referencias o extractos de otras obras del abad que aclaren el sentido de

    nuestra argumentacin. El Enchiridion es un manual escrito en los ltimos aos de la

    3 [no quiero parecer lo que no soy, inventando algo que sale de mi presuncindesde mi juventud soy un agricultor]. GIOACCHINO DA FIORE, Expositio in Apocalypsim, ff. 175b, en Francesco DELIA, Gioacchino da Fiore: un maestro della civilt europea. Antologia de testi gioachimiti tradotti e

    commentati, Rubbetino Editore, Soveria Mannelli, 1991, p. 41. 4 [S]e in questa stessa opera o in altri miei opuscoli ho commeso qualque errore da uomo qual sono quantunque non ne abbia consapevolezza, tuttavia non lo nego e non cerco scusanti, Colui que impersona la bont sia indulgente con la sua clemenza conoscendo la mia umilt. Se c chi piamente vorr correggermi finch continuo a vivere, io sono pronto ad accogliere la correzione [Si en esta misma obra o en otro de mis opsculos he cometido algn error como hombre que soy aunque no sea consciente de ello, no obstante no lo niego y no busco excusas, Aquel que personifica la bondad sea indulgente con su clemencia conociendo mi humildad]. GIOACCHINO DA FIORE, Expositio in Apocalypsim, 223d-224b, en ibid., p. 43. 5 Se poi unimminente chiamata del Signore mo sotrarr a questa vita, la Chiesa romana, alla quale stato affidato il compito del magisterio universale e per incarico e autorizzazione della quale ho scrito

    queste pagine, ordini che siano presentate al suo Vertice perch conferisca autorit agli argomenti che ne

    sono degni, e se individua alcune dottrine censurabili, si compiaccia, lo supplico, di emendarle [Si ms tarde una llamada inminente me sustraer de esta vida, la Iglesia romana, a la que ha sida confiada el

    magisterio universal y por encargo y autorizacin de la cual he escrito estas pginas, ordena que sean

    presentadas a su Vrtice para que confiera autoridad a los argumentos que sean dignos, y si individua

    algunas doctrinas censurables, se complazca, lo suplico, de enmendarlas] . Ibidem. 6 Hemos trabajado con la edicin italiana de esta obra: GIOACCHINO DA FIORE, SullApocalisse, trad. de Andrea Tagliapietra, Feltrinelli, Milano, 2008.

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    vida del abad7, pensado para servir de sntesis de sus argumentos sobre la importancia

    decisiva de esta obra. Al tratarse de un manual, este opsculo pretenda llegar a un

    pblico ms amplio y menos erudito que el que leera su Expositio in Apocalypsim, un

    extenso comentario en el que trabaj durante veinte aos y cuya redaccin se prolong

    hasta casi el final de su vida8. El objetivo que persegua Gioacchino era el de elaborar

    un compendio que, aunque de pequea extensin, encerrara en sus pginas il

    contenutto di tutto il libro del Apocalipsis9. El abad consideraba que este formato era el

    ms apropiado debido a la situacin de angustia en la que enmarcaba su poca. Al inicio

    de este manual de urgencia Gioacchino ya nos avisa con temor che i piaceri del mondo

    siano venuti a meno, che le tribulazione siano imminenti, che il Regno dei Celi sia alle

    porte, ritengo di poterlo provare10.

    El hecho de que la teologa de Gioacchino da Fiore se base fundamentalmente

    en el Apocalipsis de Juan demuestra, en s mismo, un acto de valenta por lo que supone

    de rechazo del marco intelectual hegemnico en la Iglesia medieval. De civitate Dei (La

    ciudad de Dios) de Agustn de Hipona (354 430 e.c.) haba fijado las bases para la

    comprensin de las relaciones entre la sociedad poltica y la fe cristiana durante toda la

    Edad Media europea. Y una de estas bases era la postergacin de las esperanzas

    milenaristas recogidas en el Apocalipsis, fbulas ridculas, segn este Padre de la

    7 No est clara la fecha exacta de composicin de este tratado. Mientras Andrea Tagliapietra indica que

    pudo ser escrito entre los aos 1183 y 1185, coincidiendo con la estancia de Gioacchino en la abada de

    Casamari, otro experto, Gian Luca Potest sita, sin embargo, su redaccin en la dcada de los noventa.

    Ver TAGLIAPIETRA, Il prisma giochimita. Introduzione allopera di Gioacchino da Fiore, en GIOACHINO DA FIORE, SullApocalisse, Feltrinelli, Milano, 2008, p. 108 y POTEST, El tiempo del Apocalipsis, p. 306. 8 Como seala Potest, la Expositio in Apocalypsim representa la obra ms imponente de Joaqun (su extensin es casi el doble que la de la Concordia), fruto de un trabajo empezado no ms tarde de la

    primera mitad de los aos 80 y acabado poco antes de su muerte. POTEST, El tiempo del Apocalipsis, p. 305. Esta obra no cuenta con ninguna edicin ni traduccin en lenguas modernas. La edicin de

    referencia es la que se hizo en Venecia en 1527. Existe, adems, una reproduccin facsmil de esta

    edicin (Minerva, Frankfurt, 1964). 9 [el contenido de todo el libro] GIOACCHINO DA FIORE, SullApocalisse, p. 133. 10 [que los placeres del mundo han venido a menos, que las tribulaciones sean inminentes, que el Reino de

    los Cielos est a los puertas, considero que puedo probarlo].Ibidem.

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    Iglesia11

    . Volver a este libro, y situarlo en el centro de su labor de especulacin terica,

    significaba, en opinin de Jacob Taubes, que la teologa de Joaqun deja atrs el

    sistema agustiniano de la historia12.

    Para Agustn el reino de los mil aos es, en realidad, el tiempo del dominio de la

    Iglesia en este mundo hasta la Parusa, la segunda venida de Cristo que anuncia el Juicio

    Final. El obispo de Hipona no renuncia al quiliasmo, sino que lo reinterpreta de modo

    tal que este pierde su fuerza de tensin escatolgica13. La primera venida de Cristo

    significaba, para Agustn, que se acababa la tensa espera por un mundo por venir: La

    Iglesia es, pues, ahora el reino de Cristo y el reino de los cielos14. Por lo tanto, la

    esperanza en ese tiempo anunciado donde los santos reinaran en la tierra tras arrojar al

    Demonio a los abismos15

    no debe ser entendida literalmente, sino alegricamente.

    Porque ya vivimos, defender Agustn, en ese reino de los santos, y es intil o absurdo

    esperar su llegada16

    . Lo que definir la creencia de la Iglesia medieval, a partir de estas

    tesis agustinianas, no ser ya la espera del Reino de los Cielos y la consecuente

    salvacin de la humanidad. El foco del microscopio religioso se ajustar hasta observar

    cmo se define el mundo interno de cada uno de los hombres y las mujeres. Decae el

    inters por la redencin histrica del mundo y, en cambio, se magnifica el progreso

    escatolgico del alma individual:

    De este modo, la esperanza en el reino milenario es expulsada en

    forma definitiva de la Iglesia y de aqu en ms se vuelve un asunto de las

    11 Vase San AGUSTN , La Ciudad de Dios, en Obras de San Agustn, Tomo XVII, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1965, Lib. XX, 7, p. 538. 12 Jacob TAUBES, Escatologa