Una entrevista inédita con cortazar

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Entrevista inédita de Carlos Ramírez a Julio Cortazar sobre un cuento sobre militarismo

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  • Carlos Ramrez

    Una entrevista indita con Cortzar

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    ArchivoCarlos Ramrez /

    P r o y e c t o M x i c o C o n t e m p o r n e o 1 9 7 0 - 2 0 2 0

    Litera

    tura

  • 2Archivo Carlos Ramrez / Indicador Poltico Grupo de Editores del Estado de Mxico Centro de Estudios Polticos y de Seguridad Nacional, S.C. Indicador Poltico.Una edicin del Centro de Estudios Polticos y de Seguridad

    Nacional, S.C., presidente y director general: Mtro. Carlos Ramrez, derechos reservados. Web:http://noticiastransicion.mx

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  • 3La ltima pregunta de la entrevista con Julio Cortzar, ya apagada la grabadora, lo hizo quedar en deuda conmigo:Cmo comenzara usted un cuento sobre militarismo? Cul sera su primera frase?

    Nunca empiezo cuento con frases hechas o preparadas. Y hoy no sabra cmo empezar uno. Lamento no poder darle el primer prrafo de su nota. Pero, eso s, le prometo que en cuanto me llegue un cuento sobre militarismo, le envo un tele-grama con la primera frase.

    El telegrama nunca lleg. Sin embargo, de la entrevista dos cosas me llamaron la atencin para cuentos cortazarianos sobre militarismo: Los ejrcitos enemigos y/o Cruce de fronteras serian dos ttulos con la idea cuentstica de Cortzar y su prosa sugerente, que dice ms de lo que enumera con las palabras.

    La entrevista a Cortzar se la hice en 1980, en Cocoyoc. El escritor argentino era jurado, entonces, del concurso Proceso-Nueva Imagen sobre "El militarismo en Amrica Latina". En los jardines del hotel Cocoyoc habl con Cortzar ms de una hora. Luego lo vera dos o tres veces ms junto con los dems miembros del jurado -sobre todo con su gran amigo del alma Gabriel Garca Mrquez y expo-niendo su amistad generosa con Carlos Quijano. En la revista Proceso publiqu una versin periodstica de siete cuartillas de la entrevista y guard en mi archivo la transcripcin ntegra de la pltica, por si algn da vala la pena circularla completa. Nunca pens en una ocasin tan lamentable como su prematura muerte.

    Una entrevista indita con CortzarCarlos Ramrez

  • 4Si bien el tema central era el militarismo latinoamericano y el escritor argen-tino logr dilucidar algunas cosas desde su modesta ignorancia, no pude tampoco evitar hablar con Cortzar un poco de literatura. El autor del mejor de los cuentos para mi gusto, El perseguidor, habl de ambas cosas, pero ya para entonces se notaba una particular atencin sobre la problemtica social de Amrica Latina. Habl de su conferencia en Xalapa y vislumbr su preocupacin sobre el drama de los derechos humanos, las dictaduras y la pesada carga del exilio. Nicaragua renaca del somocismo y las esperanzas de Amrica Latina parecan haber sobrepasado el trauma de Chile. Era lo que prevea como oposicin al destino manifiesto del expansionismo norteamericano: el destino socialista de Amrica Latina.

    Hombre generoso, lucido, siempre sonriente, Cortzar me pareci un hombre agobiado por el tiempo. Lo vi cansado. Gigante bueno, varias ocasiones lo alcanc a mirar arrastrando su cuerpo por los jardines de Cocoyoc, la cabeza inclinada, los lentes en su lugar, los textos en sus manazas. Y lo not ms fatigado cuando habla-mos de los rescoldos del boom. Para l, los protagonistas de eso que se llam boom somos ya gente vieja, dijo sonriente. Luego destac a las nuevas generaciones de escritores que haban tomado lo mejor de esos viejos.

    Eso s, sus convicciones seguan firmes, slidas, renovadas. Para ese hombrn algo bueno haba quedado en la narrativa latinoamericana, en cuya tarea hablan participado los escritores de los sesentas: lograr que lo mejor de la literatura de Amrica Latina estuviera siempre "del lado de la luz".

    Pas el tiempo de aquella entrevista y me qued esperando el telegrama de Cortzar. Y eso que le di una tarjeta con mi direccin. El problema, en todo caso, se convirti en una duda que hoy revive como el mejor homenaje: cmo hubiera comenzado Cortzar un cuento sobre militarismo?

    El tema del militarismo se ubica ya en un nuevo contexto latinoamericano, sobre todo en los ltimos 20 aos. Estos dos decenios registran periodos importantes: Revolucin Cubana, proceso chileno y Revolucin Nicaragense. Cmo observa usted, como escritor, estos hechos?

    Creo que todos los que me conocen poco saben que entre mis muchos defec-tos no est la falsa modestia. Cuando yo digo que hay temas que no conozco bien, no estoy hablando con falsa modestia, sino que realmente hay temas de los cuales tengo una idea global, un punto de vista, pero estoy muy lejos de ser un especialista y un entendido en el tema. Uno de esos temas es el militarismo. Desde mi punto de vista de civil mi idea de militarismo no es la que pueda tener alguien que haya reflexionado incluso tcnicamente en el problema, tanto militar como civil. De modo que lo que yo pueda decir acerca de cmo veo la situacin del militarismo en Amrica Latina hay que tomarlo sobre todo como una idea muy global y expuesta a muchas crticas, pues yo mismo me hago autocrticas permanentes.

    Esta autocrtica es importante, porque muy frecuentemente entre nosotros los latinoamericanos lo que nos ha hecho sufrir, lo que nos ha valido muchas derrotas, han sido quiz ciertas convicciones demasiado definidas y la falta de flexibilidad, de autocrtica, en el caso de Cuba, por ejemplo: a los dos o tres aos de la Revolucin, todo el mundo se hizo una idea un poco en bloque acerca de ella y la gente no

  • 5reflexion con suficiente plasticidad mental para darse cuenta que una revolucin es un proceso casi biolgico, puesto que est hecho por hombres y vivido por hombres, y que una revolucin es como un organismo que evoluciona y que pasa de la infancia a la adolescencia y a la edad adulta, con pasos hacia adelante, pasos hacia atrs.

    Es decir: cuando se habla de temas como el militarismo, lo primero que yo le exijo a quien est hablando y a los lectores eventualmente es una gran apertura, una gran flexibilidad de pensamiento. Yo pongo un ejemplo: cuando se me habla de militares, de militarismo, mi primera reaccin es profundamente negativa. Es decir en principio, todo lo que es militar me suena como cosa retrgrada e incluso veo al militar como al enemigo natural del civil. Ahora: cuando uno piensa un momento, se da cuenta que de todas maneras hay por ah aunque muy pocos ejrcitos que son ejrcitos del pueblo, ejrcitos a los cuales no se les puede aplicar el tratamiento que se le da en general al militarismo. Pienso en este momento en el ejrcito cubano, que es un ejrcito profesional que de ninguna manera se podra comparar al ejrcito argentino o al ejrcito chileno. Hay que tener mucho cuidado con ese tipo de cosas.

    Lo que creo que le interesa a usted en este momento es el caso de los ejrcitos enemigos, porque con respecto a los ejrcitos que yo llamo positivos como puede ser en este momento el de Nicaragua, si podemos llamar ejrcito a eso que en este momento es sobre todo un pueblo en armas, que no est profesionalizado como lo est el cubano hay que tener cuidado en su identificacin, aunque, por desgracia, en Amrica Latina es la minora absoluta, es una cantidad nfima de elementos mi-litares positivos. Para m, cuando se me habla de militarismo en Amrica Latina en este momento, veo sobre todo el Cono Sur, veo Chile, Argentina, Uruguay y, con un sentimiento de horror, veo sobre todo el caso de Bolivia en estos momentos. Veo tambin en segundo plano el Brasil, cuyo ejrcito ha tenido un papel tan negativo y tan nefasto en lo que ha sucedido en los ltimos decenios.

    Y es ah donde me gustara decir que creo que en el curso de los ltimos cinco o seis aos la presencia negativa del militarismo en Amrica Latina se ha multi-plicado. Y no se ha multiplicado porque los ejrcitos hayan aumentado, porque en principio siguen teniendo ms o menos los mismos efectivos. El problema es que en el Cono Sur, lo que llamamos ejrcitos en plural, creo que cada vez ms hay que pensarlos como un ejrcito en singular, un ejrcito coaligado, unido y concertado en el nivel de los altos mandos militares de varios pases. El problema verdadera-mente trgico para el Cono Sur es que en este momento las poblaciones civiles de todos esos pases no solamente estn sometidos a la accin de su ejrcito local, sino que todos esos ejrcitos de esos pases estn colaborando estrechamente entre ellos, lo cual significa varias cosas: las ms graves son el hecho de que toda nocin de te-rritorialidad, de derecho de asilo y de respeto a los derechos humanos ha quedado totalmente destruida y mancillada por la conducta de los ejrcitos.

    Usted sabe muy bien que en los ltimos acontecimientos en Per y en Boli-via la participacin de, por lo menos, el ejrcito argentino ha sido no solamente sospechada sino probada con hechos evidentes. En este momento, cuando las cir-cunstancias les convienen a los altos mandos, miembros de un ejrcito se hacen

  • 6presentes en otro ejrcito para ayudarlos a aplastar cualquier forma de protesta civil. Es lo que ha sucedido en Per y lo que acaba de pasar en Bolivia: las asesoras tcnicas e incluso las asesoras prcticas cuyos detalles, claro, no conozco han sido ampliamente difundidas y denunciadas por las agencias de noticias o por corresponsales responsables. En este momento, cuando el ejrcito argentino busca a un opositor civil que se ha refugiado en el Per, lo va a buscar al Per, con la complicidad del ejrcito peruano. En el caso de Bolivia tiene que estar sucediendo exactamente lo mismo y podra suceder al revs, que miembros del ejrcito perua-no actuaran en la Argentina para apoderarse de un opositor peruano que est all. En ese caso casi siempre con la complicidad de los mandos. Hace aos que esto sucede entre la Argentina y Uruguay: fuerzas argentinas han recibido opositores qu