Mitos revisado

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AREQUIPA

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RELATOS PERUANOS

CUENTOS

EL CONDOR Y EL ZORRODiscutan acaloradamente un zorro y un cndor sobre sus fuerzas y aptitudes respectivas para desafiar la inclemencia de las punas.- Hablas de resistencia - decale el cndor al zorro - cuando te veo acurrucado y hecho un ovillo los das lluviosos, encerrado en la cueva, t y tu prole, royendo huesos y pereciendo de hambre?- Y t, cofrade, a quien ni se ve, sumido en su escondrijo, empollando como una gallina clueca, crees ser ms capaz que yo?-A m - replic el cndor con tener un ala y cubrirme con la otra me basta, en tanto que t...-Yo?... en mi cola llevo abrigo y proteccin.No pudiendo convencerse con razonamientos, como sucede as siempre que se disputa, acordaron apelar a los hechos.-Pues bien- propuso el zorro- vamos a quedarnos toda una noche al raso, soportando la intemperie con una condicin: el que se retira pierde la apuesta y ser pasto del que permanezca en pie.-Aceptado!, pero tempestuosa ha de ser- agreg el cndor.- Choca! exclam el otro-. Y fijaron plazo.Llegada la estacin de las tormentas, cierto da en que nubes grises se amontonaban como torbellinos de humo, fuese volando el cndor en busca del zorro. Comenz luego, una furiosa tempestad: los relmpagos difundan destello iluminando el firmamento y los rayos, uno tras otro, describiendo tortuosos zigzags, rasgaban las nubes y estallaban con fragor sobre las cumbres, cuando el cndor, al resplandor de un relmpago, descubre a su contrincante, erizados los pelos y desprendiendo chispas, aprestndose a huir, pero detienes a la llamada y, quieras que no quieras, hubo de aparejarse para dar cumplimiento a lo pactado.Llova a cntaros, rotas las nubes se precipitaban como cataratas desprendidas de lo alto y torrentes de agua inundaban el campo, cuando ellos fieles al convenio disponan se a pasar la noche de claro en claro, anhelosos que asomase la aurora. De pie el cndor sobre un montculo, sin muchos prembulos, extiende el desnudo cuello y, levantando el ala, introduce su encorvado pico dentro de l. A su vez, el zorro, aparragado en el humedecido suelo, oculto el hocico entre las patas, arrebujabas como poda guarecindose bajo su copioso rabo.Mientras el impasible buitre desafiaba la lluvia que chorreaba y resbalaba por su reluciente y apretada plumazn; al desventurado zorro empapbase el ya estropeado pelaje, infiltrndose sin reparo an por sus puntiagudas y rgidas orejas. Remojado su encallecido pellejo que ha tiempo el fro le tena como carne de gallina, sin rehuir, herido en su amor propio, mantenase firme en la lid. Prorrumpa de vez en cuando en lastimeros aullidos:Alalu (Ay, qu fro!). Y con voz ms desfalleciente gema:Alalu (Me muero de fro!)...A-la.-la-...!Huarara!, responda jactancioso el cndor.Y, pasada la noche, el Alto rey yrguese, arruga el penacho de su coronado pico y purpreo cuello, sacude su alba cola y renegrido manto y con paso imponente dirgese a donde haba dejado a su rival, el que, aterido y yerto, yaca sin vida.

EL LEADOR Y LAS TERMES

Estaba un leador talando algunos rboles en un frondoso bosque, pues quera construir una cabaa ms grande ya que la familia haba crecido y aquella donde viva con su mujer y sus cuatro pequeos hijos, le resultaba sumamente estrecha.Los rboles fueron cayendo pesadamente uno tras otro, hasta que uno de ellos termin cayendo a pocos metros de un termitero, provocando tal estremecimiento al caer, que ste estuvo a punto de desplomarse. Fue tal la conmocin que se produjo dentro, que algunas termes salieron a ver qu suceda. Otro rbol amenazaba ya con desplomarse en el mismo termitero.Enteradas de lo que aconteca, las termes decidieron enviar una comisin para que hablara con el leador. Este vio aquel grupo de malhumorados insectos que se acercaban amenazadores, dej a un lado su hacha y se sent sobre un rbol talado a esperar qu suceda. Mientras se pasaba el pauelo por el rostro y el cuello sudoroso, el hombre escuch atentamente las quejas de aquello pequeos seres.-Muy bien, muy bien. Segn ustedes yo no debo cortar los rboles, por lo tanto no tendr madera para construirme una cabaa ms acogedora, por lo tanto mi mujer, mis hijos y yo debemos seguir sufriendo la incomodidades que ahora padecemos por el solo hecho de que unos nauseabundos insectos como ustedes vienen a reclamar sus derechos. Pues, sepan que esto lo soluciono as...Y dicho esto, las pobres termes sucumbieron bajo la pesada bota de aquel malvado. El leador regres a su casa y nunca cont este hecho. Pero, como no existe crimen perfecto, una d las termes logr escapar de la muerte y pudo regresar al termitero a informar al resto. La pobre qued lisiada y al poco tiempo muri. Fue sepultada con grandes honores en medio de un ambiente de gran consternacin.Pasaron los aos y el leador viva feliz en su nueva cabaa que termin siendo tres veces ms grande que la anterior. Se senta orgulloso de que todos sus vecinos tuvieran siempre una palabra de alabanza para su vivienda.-A esta cabaa no la tumba ni un tornado, es dura cono el acero, sola decir.Y tena razn, pues mientras las otras cabaas fueron sucumbiendo por causa de las lluvias o de los truenos, la suya segu en pie como un monolito.Cierto da en que el leador hubo de llevar a sus hijos a la escuela. Grande fue su sorpresa al regresar y encontrar su cabaa hecha aicos, como si hubiera sido un simple castillo de naipes vencido por el viento, sin detenerse a indagar las causas del siniestro, el leador sac a su mujer de entre los escombros e inconsciente la llev al hospital ms cercano.All estuvo algunas horas atendida por un doctor hasta que recuper en algo la conciencia.Cuando el leador, pudo hablar con el mdico, ste le indic que su mujer haba sufrido un shock nervioso, pues, de otra forma no se explicaba que estuviese repitiendo incesantemente:-Han sido las termes, han sido las termes, se lo juro doctor, ellas se iban gritando... venganza cumplida. Vctimas vengadas... Busquen la bota! Busquen la bota!

EL PERRO Y LA PULGADiscutan un perro y una pulga sobre la inutilidad de esta ltima.-Deberas trabajar y no ser un parsito. Yo cuido la casa, evito que los gatos se metan en las noches para llevarse los alimentos, ahuyento a los ratones cuido que ningn extrao se acerque a los nios, es decir, s ganarme mi alimento, pero t, amiga ma, no haces nada por trabajar, y eso no est bien.imagen 1

La pulga se regocijaba al escuchar los consejos del perro, pero ste no perda la oportunidad ni la esperanza de guiarla por el buen camino.-Mira ancianito, dijo la pulga mientras se posaba en la nariz de su amigo. Cuando quiero buena comida, me voy al dormitorio del dueo de casa y me doy un buen banquete, y si no me deja comer tranquila, pues, lo pico toda la noche y no lo dejo dormir. Duermo cmodamente entre las frazadas calientitas, mientras t, pobre diablo, debes enroscarte como una culebra y dormir a la intemperie. Y eso no es nada, pues, sabrs que cuando tu ao se va a trabajar yo me doy una siestecita sobre su blanca almohada, y por ltimo, como a la hora que se me antoja, en cambio t tienes que esperar tus sobras a la hora que tus amos crean conveniente...Y as sigui hablando el soberbio bicho mientras el perro la llevaba sobre su cabeza hasta el dormitorio de sus amos para que la desvergonzada hiciera su siesta.Una maana en que la pulga dorma plcidamente sobre la almohada, entr una nueva mucama a limpiar la habitacin. La anciana encargada anteriormente de hacer tal servicio se haba marchado, pues, como sufra de una pronunciada ceguera, ya no poda realizar sus funciones con prolijidad. La pulga, conocedora del defecto de la anciana roncaba cada maana a patita suelta muy confiada.-Aj! Qu vemos aqu, dijo la nueva mucama mientras el pulgar y el ndice de su mano cogan in fraganti aquel ser diminuto que haba osado tentar a los dioses. Lo ltimo que vio la pobre pulga, antes de pasar a mejor vida, fue dos uas cuidadas con esmero que parecieron cerrarse como las tapas de un gran libro.

LAS ESTACIONESEstaban discutiendo las estaciones sobre la importancia de cada una de ellas y tratando de ver quin era la ms imprescindible.-Sin mis clidos rayos, deca el verano, las plantas moriran y no habra lluvias, pues, soy yo quien calienta los mares para que el agua se evapore, se formen las nubes y stas produzcan las lluvias.As que considero que soy la estacin ms importante.-Te equivocas de cabo a rabo, amigo mo dijo solemne el otoo. Si no fuera por m, los rboles no mudaran sus hojas y se imaginan lo feo que se veran los bosques llenos de rboles cubiertos de hojas chamuscadas y envejecidas por el tiempo. Est dems decir entonces que mi importancia supera largamente la de ustedes.El invierno, que escuchaba atentamente, se sacudi unos copos de nieve y levantando un dedo para darse importancia, manifest:-He escuchado con atencin lo que se ha dicho aqu, y me ha causado gran asombro ver cmo el verano se atribuye para l solo la paternidad de las lluvias, cuando tambin yo participo en ello. Por otro lado, si con mi poder no congelara las aguas no habra el hielo de los polos y entonces el agua de los mares crecera de tal manera que inundara toda la Tierra y por lo tanto todos los seres vivientes pereceran. As que, si me lo permiten, quisiera tomar el cetro y la corona para declararme la estacin ms importante, y...-Un momento, interrumpi la primavera. Me extraa caballeros la irrespetuosidad con que ha sido tratada, porque si no habis reparado en que de los cuatro soy la nica dama, pues, entonces os lo hago saber.Dicho esto, la primavera tom el cetro y dio a cada uno de los tres un bastonazo en la cabeza. Luego prosigui.-Habis hablado de lluvias, de hojas chamuscadas, de agua congelada, es decir, siempre de cosas materiales, pero nadie ha hablado de algo ms importante que eso- y tocndose el pecho, agreg- algo que hay aqu, en el corazn, y ese algo se llama amor.Y otra vez el cetro f